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Un nuevo momento: cuando encontré mi lugar en Zaragoza

 


Buscaba mi lugar. Buscaba mi sonrisa. Buscaba dónde encajar, sin prisa.

Aunque miento... porque sí tenía prisa, quería encontrar mi lugar en mi propia vida, Quería soñar sin medida, sin miedo a lo que los demás pudieran opinar, Soñaba con un futuro mejor, cercano. Me debía esa felicidad, ese sueño pendiente, esa salida que tanto esperé.

Mientras caminaba por las calles, mi soledad se hacía más evidente, aun así, cada amanecer traía una nueva oportunidad, un nuevo lugar para crecer, Poco a poco, con la frente en alto, decidí salir en busca de la aventura.

A veces no es sencillo. ¿Quién dijo que lo era? Pero sentía que era ahí donde debía estar… entre la magia y la cultura, entre sonrisas desconocidas y una copa de vino al atardecer de un verano, entre noches cálidas bajo la luna, miradores vestidos de verde y terrazas donde un chiringuito invita a tardear sin mirar el reloj.

El Parque Grande, donde las historias parecen escribirse solas, una gran casa que invade mi alma, un puerto que, por momentos, me recuerda a Venecia. El Pilar, con su torre como testigo de aventuras, teatro y comidas sencillas. Los puentes que brillan con luz propia sobre un inmenso río, sus portales, sus caminos, sus vías... sus rincones.

Escribo una nueva historia, descubro un corazón distinto, derribo, ladrillo a ladrillo, murallas que ya no tienen sentido, mientras pinto paredes de esperanza, camino sobre tablas de madera con cuidado, observo sus estatuas con calma, me pierdo en los pasillos de un gran palacio, donde la historia parece susurrar en cada pared.

Es un nuevo momento. Y, por primera vez en mucho tiempo, siento que también es un nuevo comienzo.



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