Hay corazones que se rompen con gritos y hay corazones que se rompen en silencio. El suyo fue de los segundos. No fue un engaño cualquiera. Fue peor: fue perdón. Ella le había fallado con su propio ex, y él, en vez de irse, se quedó. Perdonó lo que no tenía por qué perdonar, cargó con una duda que no era suya, se convenció de que el amor a veces se construye también desde ahí, desde la reconstrucción. Y aun así, ella se fue. No porque él hubiera dejado de intentarlo, sino porque ella seguía confundida, atrapada entre lo que ya conocía y lo que apenas empezaba a construir con él. Ni siquiera le dio la oportunidad de pelear por eso. Desde entonces, algo en él decidió que no iba a volver a arriesgarse así. No de esa forma. Él nunca quiso enamorarse en primer lugar (eso se repetía seguido, casi como excusa), solo quería vivir, divertirse, dejar que la vida pasara sin pedirle explicaciones a nadie. Y aun así, sin buscarlo, había terminado entregándole el corazón a alguien. Y esa algui...
Poesía, series y crónicas de viaje. Un cuaderno donde se escribe la vida tal como se vive: en verso, en prosa y en el camino.