Sí, no puedo negar lo que ya
sabes desde hace tiempo, y aunque no puedo tener esa ilusión contigo, solo
quiero decirte que sí: me encantas, y no te imaginas cuánto te pienso. Te
extraño, te deseo, o simplemente te tengo en la mente cada instante, cada segundo.
Eres la sensación de vacío en mi estómago, pero también el deseo oscuro de mis
fantasías. Eres el crush de mis sueños, pero también la armonía de mis
pensamientos: caos, pecado o monogamia.
Eres la sonrisa que se me dibuja
cuando te veo en una foto, en una videollamada, o en esos audios donde escucho
tu voz, esa chica caprichosa que desea cosas, las mismas cosas que yo siempre
quiero cumplirte. Quiero viajar contigo y con tus hijos, aunque ahora mismo me
conformaría con viajar solo contigo: tener el espacio de verte sonreír, de
verte levantarte de la cama, o consentirte mientras cierras los ojos hasta
quedarme dormido junto a ti.
Eres la sensación de respirar tu
aroma y recordarte como a nadie. Eres la magia de ver tu silueta, y sí, también
quiero tenerte como un hombre lo haría: que la relación no sea solo química
erótica, sino también química profunda, de amor, delirio y pasión. Eres la del
cabello negro, pero no voy a mentirte: cuando te vi medio despeinada me
encantaste muchísimo más. Cómo le explico a mi mente que no, si aun así no dejo
de verte, de sentirte en la distancia, de quererte tanto que no te lo imaginas.
Eres la chica hermosa de mis
sueños e ilusiones: viajando por el mundo, recorriendo calles, parques, cines,
lugares mágicos, y también abrazos de película en una noche fría. Eres tú. Sí,
lo siento, solo quería seguir recordándote lo mucho que te quiero, que te
deseo, y que te extraño.

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