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En pausa | Cuando la mente se convierte en una cárcel invisible

Hola.

Mañana solitaria.

En un espacio de 45 por 20, mi soledad parece hacerse más grande, deseo escapar, pero mi cárcel no es física, habita en el alma, en todo aquello que aún no logro encontrar, Quizá lo que busco soy yo mismo, Comprender que soy quien debe darle sentido a su destino.

Pero no es tan sencillo.

Las calles parecen eternas, Caminas con la esperanza de descubrir algo nuevo, algo diferente, algo capaz de conectar con tu mundo... Y, aunque encerrado entre estas cuatro paredes podría tenerlo todo, es la mente la que permanece enjaulada… sin motivación, sin color, sin sabor.

Es un sentimiento extraño, Estar en un lugar donde el único compañero son los pensamientos, intentando regresar, una y otra vez, al propósito, Como una cebolla, sonrío por capas.

Aún no siento que pertenezca a este lugar, creo que solo alcanzo a ver hasta cierto punto de mi vida, como si después de esa línea todo se desdibujara, tal vez debería aprender a vivir el día a día y dejar de perseguir el futuro, porque, siendo sincero, no logro verlo, no alcanzo a mirar más allá de un tiempo determinado. Siento que algo permanece en pausa, tal vez dejé de buscar, o quizá soy yo quien se quedó inmóvil, atrapado en un silencio que aún no sé nombrar.

Me gustaría encontrarme en ese universo de posibilidades del que tanto hablan. Pero hoy parece no existir... Camino perdido en una causa que no termino de comprender, recorriendo un sendero que solo despierta dudas. Y, sin embargo, sé que hay algo que debo encontrar.

El propósito.

Aquí, entre estas palabras, sigo librando mis propias luchas.


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