Estamos tan acostumbrados a consumir contenido, que la saturación misma nos genera ansiedad. Nos da placebo, sí, pero también estrés, ruido en la mente, y esa competencia envidiosa de ver lo que los demás hacen para preguntarnos si nosotros también deberíamos hacerlo, o peor, para sentirnos mal por no estar haciéndolo ya. Esa ansiedad se convierte en enfermedad, en dolor, en una carrera sin sentido por querer lograrlo todo ya, cuando la vida es paso a paso, sin prisa, con pie firme. Vemos a los demás viajar, "felices" con su vida, en pareja o solos, de país en país, comprando lo mejor, el outfit de temporada. Les pagan por crear contenido, y tú te bloqueas pensando que no eres capaz de lograr lo que tanto deseas, cuando en realidad sí puedes. Solo que nuestro desespero por llegar ya es justo lo que nos daña el corazón. Porque de lo que vemos, solo vemos el tráiler: la escena editada, la mejor toma, el momento exacto donde todo salió bien. Nunca vemos el detrás de cámaras,...
Poesía, series y crónicas de viaje. Un cuaderno donde se escribe la vida tal como se vive: en verso, en prosa y en el camino.