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Antes de conocernos - Capítulo 2: Pasajeros que casi se cruzan

Un martes, ella salió del gimnasio a las 7:10 de la noche. Él entró quince minutos después, todavía con el eco de las canciones de ella flotando en el aire, aunque ninguno lo supiera. Hizo, como de costumbre, su cardio; esta vez solo usó la caminadora, quería despejar la mente sin el atenuante sol del verano. Al terminar, tomó sus cosas y las dejó cerca del casillero, se duchó, sintió ese alentador frescor recorriéndole el cuerpo… y al llegar al casillero notó el termo negro, con el escudo de los Avengers rayado por el uso. Lo miró, dudó un segundo, el suyo era casi idéntico, pero había quedado afuera del maletín, y con la prisa lo tomó, metiéndolo en su bolso por error, pensando que era el propio. No se dio cuenta hasta llegar a casa, cuando sacó el termo y notó una pequeña inicial grabada en la base que no era la suya.

Se quedó mirándolo un rato largo. "¿De quién será?", pensó, dándole vueltas al termo entre las manos como si el objeto pudiera responderle. No sabía nada de ella. Solo sabía que, a esa persona, quienquiera que fuera, le gustaban las mismas películas, los mismos héroes, tal vez las mismas tardes de sofá viendo escenas de batalla. Decidió llevarlo cada día al gym, guardado en el fondo del bolso, esperando que alguien lo reconociera, sin saber que la dueña ya se había dado cuenta de su error y hacía lo mismo, cargaba con el termo de él, buscando entre las caras del gimnasio a alguien que pareciera estar buscando algo.


Otro día, ella estaba sentada en una cafetería del centro, con los auriculares puestos y una serie coreana pausada en la pantalla del celular. Él entró casi al mismo tiempo, pidió un café para llevar, y se sentó, por casualidad, o por ese destino que ya empezaba a tejer hilos, a una mesa a cinco metros. Pero justo cuando él se acomodaba, ella se levantó, guardó sus cosas y salió a tomar una llamada que nunca volvió a la mesa. Dos vidas que se rozaron el aire por segundos, sin cruzar mirada.

El viernes siguiente, ambos terminaron en el mismo bar. Ella arriba, en la terraza, celebrando el cumpleaños de una amiga entre risas y fotos para el TikTok. Él abajo, en la barra, viendo el partido con los mismos de siempre. Ni siquiera el ruido de la música los delató el uno al otro. Y sin saberlo, uno de los amigos de ella conocía a uno de los amigos de él, se habían visto en un asado meses atrás, pero esa noche nadie mencionó el nombre correcto en el momento correcto.

Así pasaron las semanas. Un termo iba y venía en un bolso de gimnasio. Dos personas caminaban por los mismos parques, se sentaban en las mismas terrazas, compartían amigos de amigos, y aun así el destino parecía disfrutar del juego de casi, casi, casi. Como si estuviera esperando el momento exacto no antes, no después, para finalmente dejarlos coincidir.


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