Aún te sigo extrañando. En cada instante de mi bendita vida te pienso, te extraño, te recuerdo. Es como si todo mi mundo girara en torno a pensarte, y eso me da mucha rabia. No puedo ser el mismo, no puedo abrirle la puerta al deseo, y mucho menos al amor. Yo no quería acostarme contigo solamente, me estabas gustando, y por esa razón no confesé mi cariño hacia ti, solo lo guardaba. Pero decidiste hablar de tus deseos y me atrapaste. Hubieras sido sincera desde el principio: querías aventura, no romance, no familia. Yo no quería solo tenerte, sentir el placer cuando lo hubiera, yo soñaba algo distinto. Estaba cansado de andar entregando mis besos, mi cuerpo, mi energía, a cualquiera. No quería seguir con esa vida vacía. Estaba dejando todo eso atrás, y llegaste tú a mover el piso que ya no quería sentir mover, por miedo a repetir los errores del pasado, por miedo a que mi corazón volviera a romperse.
Tengo un nudo tremendo en la
garganta. Mucha rabia, mucho dolor, y lo peor es que no puedo desahogarme con
nadie más, para no aburrir, para no cargar a otros con esto. Me da rabia
haberte entregado todo, cuando solo necesitaba el tiempo que no me diste. Te
entregué la parte de mí que por mucho tiempo mantuve oculta.
Qué rabia la que siento, con
tanto dolor por dentro, con tanto recuerdo metido en el alma, los ojos
llorosos, el alma hecha pedazos, mientras tú estás ahí, feliz, disfrutando lo
que siempre quisiste. Querías paz y la encontraste, mientras a mí, por un
tiempo, me arruinaste los días. ¿Cómo se libra esta batalla si no es
escribiendo? Liberando lo que pienso, dejando atrás los recuerdos, o más bien
intentando alejar lo que de mí ya no es correcto, lo que ya no está, lo que ya
no existe, según tus propios miedos. Solo quería volver a vivir el amor, y
pensé que lo estaba encontrando. Pensé que contigo todo podía ser distinto,
volver a nacer. Al final, cuando cuento mi historia, todos me dicen lo mismo:
te equivocaste en la elección, no debiste entregarle tu corazón a alguien que
siempre iba a ser pasajera, que nunca iba a entender tu alma, que se iba a ir
en cualquier momento. Y sí, se fue. Sin darme la oportunidad. Prefirió huir
para ser feliz, porque conmigo, al parecer, solo fueron instantes de placer, de
emoción, de locura efímera.
Curiosamente, las cosas que me
decías que no te gustaban, hoy las haces. Tu cumpleaños fue en una discoteca,
cuando me decías que eso no era lo tuyo. El chico con el que estás ahora, me
habías dicho que no querías nada con él, que ni siquiera te gustaba. Vaya
mentira la que viví.
No existen los amores de
película. No existen los amores de novela. Eso son guiones para tenerte
entretenido, para tenerte bajo un suero emocional, haciéndote idealizar a
alguien que nunca va a llegar. Ese amor no existe. Eso no es real.
(Esto apenas empieza. Hay más
funciones de esta misma historia por contar — pronto vuelvo a esta butaca.)

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