Sí, te contemplé en esos atardeceres llenos de colores y vientos suaves, en las calles de silencio, sobre el asfalto abrazado por el verde de los montes, en los canales estrechos y las calles pequeñas.
Te vi en los colores de una mañana y en el aroma de las flores, Te imaginé conmigo en los miradores donde las fotografías nunca cesan, donde tu cabello combinaría con la puesta del sol y tus ojos brillarían de emoción.
Te vi conmigo en cada lugar que recorrí, en cada silla donde me senté y en cada borde que rozaron mis manos, Te vi conmigo cuando el cansancio ya no era suficiente para silenciar tu voz en mi mente, esa voz agotada que pedía detenernos a tomar algo.
Cuando, en medio del pecho, aparecía tu sonrisa al descubrir un lugar nuevo. Cuando parecía que solo yo caminaba por aquellos rincones, mientras en realidad iba acompañado por tu recuerdo.
Te vi conmigo cuando una pareja sonreía mirándose a los ojos, rozando sus narices con una complicidad tan parecida a la nuestra, esa conexión que un día fue hogar y que ahora solo encuentro reflejada en el espejo de mi alma.
Sí, te vi conmigo cuando vi una pareja y él, después de contemplarla en silencio, le besó la frente. Tres fuentes, una cascada y un parque vestido de verde fueron testigos del lugar donde tanto deseé estar contigo.
Te vi conmigo en todos esos lugares... pero tú decidiste caminar por otro camino.

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