Ir al contenido principal

Antes de conocernos — Capítulo 7: El silencio que él guarda

Hay corazones que se rompen con gritos y hay corazones que se rompen en silencio. El suyo fue de los segundos.

No fue un engaño cualquiera. Fue peor: fue perdón. Ella le había fallado con su propio ex, y él, en vez de irse, se quedó. Perdonó lo que no tenía por qué perdonar, cargó con una duda que no era suya, se convenció de que el amor a veces se construye también desde ahí, desde la reconstrucción. Y aun así, ella se fue. No porque él hubiera dejado de intentarlo, sino porque ella seguía confundida, atrapada entre lo que ya conocía y lo que apenas empezaba a construir con él.

Ni siquiera le dio la oportunidad de pelear por eso.

Desde entonces, algo en él decidió que no iba a volver a arriesgarse así. No de esa forma. Él nunca quiso enamorarse en primer lugar (eso se repetía seguido, casi como excusa), solo quería vivir, divertirse, dejar que la vida pasara sin pedirle explicaciones a nadie. Y aun así, sin buscarlo, había terminado entregándole el corazón a alguien. Y esa alguien lo había dejado ir sin mirar atrás.

No hablaba de eso con sus amigos. Se reía con ellos, salía, jugaba fútbol, hacía trends absurdos en TikTok solo para no pensar. Pero cuando llegaba a su cuarto y el silencio finalmente lo alcanzaba, sacaba una libreta gastada que nadie más había visto abierta.

"No sé cuánto tiempo más voy a cargar esto. Perdoné lo que no debía perdonar y aun así no fue suficiente. Tal vez el problema nunca fue perdonar de más. Tal vez el problema fui yo, esperando que alguien se quedara solo porque yo decidí quedarme."

Cerraba la libreta ahí, sin ánimo de seguir. Algunas noches escribía media página. Otras, solo una línea. Pero siempre volvía a esa libreta, como quien vuelve a un lugar que ya no existe solo para comprobar que sigue doliendo.

Leía mucho (eso sí lo sabían sus amigos). Novelas de suspenso, algún libro de superhéroes que releía cuando necesitaba sentirse niño otra vez, cómics que guardaba con un cuidado casi ridículo para alguien que decía no encariñarse con nada. Veía películas solo, los domingos, con palomitas que preparaba mal a propósito porque nadie estaba ahí para corregirlo. Marvel un fin de semana, DC el siguiente, sin bandos, sin lealtades, solo historias que por un par de horas le hacían pensar en algo que no fuera él mismo.

Últimamente le había dado por otra idea: grabarse. No para nadie en particular, no todavía. Solo un celular apoyado en algún lado, y él hablando de su día como quien habla solo, pero con la cámara encendida. Un vlog, le decían sus amigos cuando se los mencionó entre risas. Tal vez algún día lo subiera. Tal vez nunca. Pero había algo en poner en palabras su propio día, aunque fuera para una pantalla en negro, que se sentía parecido a escribir en la libreta. Otra forma de desahogo, otra forma de no cargar todo solo por dentro aunque nadie más lo supiera.

Sabía lo que quería, o al menos creía saberlo: nada serio, nada que pudiera romperse otra vez de esa forma. Salir, reírse, tal vez conocer a alguien sin ponerle nombre a lo que fuera que pasara. Pero había días (más de los que admitía) en que no se sentía del todo él mismo. Días en que sonreía por costumbre y no por ganas. Días en que sus amigos le contaban sus propias historias de amor y desamor y él solo asentía, guardando la suya, sin saber todavía cuánto tiempo tardaría su corazón en terminar de sanar.

Esa noche, como tantas otras, revisó el celular antes de dormir. Ahí seguía el match, en silencio, sin que él se hubiera atrevido todavía a escribir nada. La miraba de vez en cuando, casi por costumbre, preguntándose si en verdad esperaba algo de eso o si solo era una forma más de no sentirse tan solo.

No era la primera vez que buscaba llenar ese vacío de alguna manera. Antes de esto, antes del match, antes incluso de saber que la volvería a esperar, hubo otras noches, otras copas, otras formas de intentar no pensar en nada. Una en particular seguía apareciendo en su memoria cada tanto, sin que él la buscara: una copa que nunca dejó terminar, una que se repitió cada fin de semana durante un tiempo, en el mismo bar, a la misma hora.

"Hay noches que uno cree que va a olvidar y termina siendo las que más recuerda. No sé si eso dice algo bueno o algo malo de mí."

Cerró la libreta. Guardó el teléfono.



📖 ¿Te perdiste algún capítulo?
Aquí tienes toda la historia de Antes de conocernos, por si vas llegando ahora o quieres repasar el camino hasta aquí:

👉 Ver todos los capítulos de la serie

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Cali, 10 de agosto: la crónica de un terremoto vivido a 8.000 km de distancia

  Eran las 2:34 de la tarde en España, exactamente las 14:34. Cinco minutos antes estaba con mi hermana, mi cuñado y mis dos sobrinos compartiendo el almuerzo. Valencia ardía de calor; había llegado acalorado de visitar el acuario, aunque esta vez no pensaba entrar, así que decidí ir a buscarlos para comer juntos. De camino le envié una fotografía a mi madre, la foto de una persona especial para que la conociera. Pero era muy temprano en mi ciudad, Cali, Colombia, y mi madre no suele despertarse tan pronto, a menos que algo extraordinario esté pasando o mi abuelo la despierte. En este caso, (lo extraordinario y nada agradable) estaba a punto de comenzar. Terminé de comer y vi que mi madre ya había leído el mensaje. Me pareció extraño, pero no pregunté nada. Cuando volví a mirar el teléfono, tenía una llamada perdida de ella. Intenté devolverla y no había señal. Pensé que se había ido la luz o que se le había descargado el celular. Eran las 14:34 cuando vi esa llamada. Dos minut...

En pausa | Cuando la mente se convierte en una cárcel invisible

Hola. Mañana solitaria. En un espacio de 45 por 20, mi soledad parece hacerse más grande, deseo escapar, pero mi cárcel no es física, habita en el alma, en todo aquello que aún no logro encontrar, Quizá lo que busco soy yo mismo, Comprender que soy quien debe darle sentido a su destino. Pero no es tan sencillo. Las calles parecen eternas, Caminas con la esperanza de descubrir algo nuevo, algo diferente, algo capaz de conectar con tu mundo... Y, aunque encerrado entre estas cuatro paredes podría tenerlo todo, es la mente la que permanece enjaulada… sin motivación, sin color, sin sabor. Es un sentimiento extraño, Estar en un lugar donde el único compañero son los pensamientos, intentando regresar, una y otra vez, al propósito, Como una cebolla, sonrío por capas. Aún no siento que pertenezca a este lugar, creo que solo alcanzo a ver hasta cierto punto de mi vida, como si después de esa línea todo se desdibujara, tal vez debería aprender a vivir el día a día y dejar de persegui...

Antes de Conocernos - Capítulo 1

  Antes de conocernos estábamos mirando en diferentes lados. Tú, en tu cuarto, buscabas el maquillaje o el outfit perfecto para la salida con tus amigas. Yo andaba scroll y scroll, esperando el momento para que me cogiera la tarde y llegar al partido del viernes. Sí, era viernes, y nuestras salidas iban a ser diferentes. Ambos solteros. El destino nos jugó una mala pasada en el amor. Tú liberabas tu alma con ellas en un bar, cotorreando, chismeando y riendo de una que otra aventura. Yo andaba jugando fútbol, dejando a un lado mi alma emprendedora, aunque los viajes cada fin de semana parecían no parar y cada invitación era un cruce de emociones. Hay muchas oportunidades para encontrar a esa persona correcta. De vez en cuando me iba a un mirador solo, transitaba por las calles y me detenía en algún bar para refrescar con un tinto de verano bajo ese sol avasallador. Luego esperaba la noche para caminar hasta una sala de cine o de teatro. Tú, al igual que yo, trabajabas en un lugar...