Hay corazones que se rompen con gritos y hay corazones que se rompen en silencio. El suyo fue de los segundos.
No fue un
engaño cualquiera. Fue peor: fue perdón. Ella le había fallado con su propio
ex, y él, en vez de irse, se quedó. Perdonó lo que no tenía por qué perdonar,
cargó con una duda que no era suya, se convenció de que el amor a veces se
construye también desde ahí, desde la reconstrucción. Y aun así, ella se fue.
No porque él hubiera dejado de intentarlo, sino porque ella seguía confundida,
atrapada entre lo que ya conocía y lo que apenas empezaba a construir con él.
Ni siquiera
le dio la oportunidad de pelear por eso.
Desde
entonces, algo en él decidió que no iba a volver a arriesgarse así. No de esa
forma. Él nunca quiso enamorarse en primer lugar (eso se repetía seguido, casi
como excusa), solo quería vivir, divertirse, dejar que la vida pasara sin
pedirle explicaciones a nadie. Y aun así, sin buscarlo, había terminado
entregándole el corazón a alguien. Y esa alguien lo había dejado ir sin mirar
atrás.
No hablaba
de eso con sus amigos. Se reía con ellos, salía, jugaba fútbol, hacía trends
absurdos en TikTok solo para no pensar. Pero cuando llegaba a su cuarto y el
silencio finalmente lo alcanzaba, sacaba una libreta gastada que nadie más
había visto abierta.
"No sé
cuánto tiempo más voy a cargar esto. Perdoné lo que no debía perdonar y aun así
no fue suficiente. Tal vez el problema nunca fue perdonar de más. Tal vez el
problema fui yo, esperando que alguien se quedara solo porque yo decidí quedarme."
Cerraba la
libreta ahí, sin ánimo de seguir. Algunas noches escribía media página. Otras,
solo una línea. Pero siempre volvía a esa libreta, como quien vuelve a un lugar
que ya no existe solo para comprobar que sigue doliendo.
Leía mucho (eso
sí lo sabían sus amigos). Novelas de suspenso, algún libro de superhéroes que
releía cuando necesitaba sentirse niño otra vez, cómics que guardaba con un
cuidado casi ridículo para alguien que decía no encariñarse con nada. Veía
películas solo, los domingos, con palomitas que preparaba mal a propósito
porque nadie estaba ahí para corregirlo. Marvel un fin de semana, DC el
siguiente, sin bandos, sin lealtades, solo historias que por un par de horas le
hacían pensar en algo que no fuera él mismo.
Últimamente
le había dado por otra idea: grabarse. No para nadie en particular, no todavía.
Solo un celular apoyado en algún lado, y él hablando de su día como quien habla
solo, pero con la cámara encendida. Un vlog, le decían sus amigos cuando se los
mencionó entre risas. Tal vez algún día lo subiera. Tal vez nunca. Pero había
algo en poner en palabras su propio día, aunque fuera para una pantalla en
negro, que se sentía parecido a escribir en la libreta. Otra forma de desahogo,
otra forma de no cargar todo solo por dentro aunque nadie más lo supiera.
Sabía lo que
quería, o al menos creía saberlo: nada serio, nada que pudiera romperse otra
vez de esa forma. Salir, reírse, tal vez conocer a alguien sin ponerle nombre a
lo que fuera que pasara. Pero había días (más de los que admitía) en que no se
sentía del todo él mismo. Días en que sonreía por costumbre y no por ganas.
Días en que sus amigos le contaban sus propias historias de amor y desamor y él
solo asentía, guardando la suya, sin saber todavía cuánto tiempo tardaría su
corazón en terminar de sanar.
Esa noche,
como tantas otras, revisó el celular antes de dormir. Ahí seguía el match, en
silencio, sin que él se hubiera atrevido todavía a escribir nada. La miraba de
vez en cuando, casi por costumbre, preguntándose si en verdad esperaba algo de
eso o si solo era una forma más de no sentirse tan solo.
No era la
primera vez que buscaba llenar ese vacío de alguna manera. Antes de esto, antes
del match, antes incluso de saber que la volvería a esperar, hubo otras noches,
otras copas, otras formas de intentar no pensar en nada. Una en particular
seguía apareciendo en su memoria cada tanto, sin que él la buscara: una copa
que nunca dejó terminar, una que se repitió cada fin de semana durante un
tiempo, en el mismo bar, a la misma hora.
"Hay
noches que uno cree que va a olvidar y termina siendo las que más recuerda. No
sé si eso dice algo bueno o algo malo de mí."
Cerró la
libreta. Guardó el teléfono.
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Aquí tienes toda la historia de Antes de conocernos, por si vas llegando ahora o quieres repasar el camino hasta aquí:
- Capítulo 1
- Capítulo 2: Pasajeros que casi se cruzan
- Capítulo 3: El tranvía de cada tarde
- Capítulo 4: El mismo libro
- Capítulo 5: El match
- Capítulo 6: La chica que amó demasiado

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