Caminaba como cada
noche en la soledad de una luna brillante o grises nubes, mi rutina diaria, mi
momento esperado, los pensamientos que dejaba explorar en el asfalto, muchos ya
me veían pasar y con su mano levantada brindaban una compañía muy lejana, era
mi noche, esas que al sonar la melodía de un bar o el tono de un celular llevan
mi alma a reflexionar pero no existen más razones, hoy no existen los
comentarios de amigos, solo soy yo pensando si amarla o dejarla ir…
Su cabello dejó el
aroma impregnado, ya no puedo olvidarlo, es extraño que antes de ese abrazo el
miedo de perderla estaba nublando mi conciencia, ella no comprendía lo que
sentía, lo que pasaba por mi mente dolida, una decisión, un abrazo que fuera el
último adiós.
Cuando me acerqué
su amiga sonreía y ella… solo dejó brillar su mirada, allí la emoción de mis
manos se hizo notar, temblaron, mi voz se apagaba y con el intento de ser
valiente quedó el intento de no verme nervioso y perdido en una cita prohibida.
Parecían cómplices,
nadie me dijo que estaba sucediendo pero ellas ya sabían lo que guardamos en
secreto.
El abrazo inicial
fue para no olvidar…
Como describir esa
jornada en la que la tarde cayó y la noche hizo su entrada con la hora de una
despedida que sería la última mirada. La noche anterior medité, la noche
anterior lloré, un presentimiento de renuncia, de dolor y el último adiós.
Así que salimos por
la puerta maldita, esa que nunca más volví a tocar pero que conozco de memoria,
en un abrazo y un beso en la mejilla ante la verdad de aquella amiga pero con
el secreto que ni yo mismo me atrevía a contar por miedo a perder lo que más
quería.
Sí, la amaba como
no te imaginas, mi cuerpo temblaba y en esa despedida vi por última vez caminar
aquella chica, con una sonrisa, con una pequeña alegría, pero como cada noche
de esos días, yo me di cuenta que no la volvería a ver más en mi vida, solo fotografías,
stories y una que otra voz de su sonrisa.
Esa noche, sentí el
miedo, el miedo de amar, el miedo de enamorarme de alguien más o el miedo de
perder a esa persona que me enseño a querer como nadie lo había hecho, me
inspiró a las letras más locas del universo en mi mente, en mi espíritu soñoliento.
Allí estaba ella,
como la noche, acompañándome con una nube gris, con un pedazo de luz de la luna
dejando ver lo más bello, su sonrisa antes de abordar ese vehículo sin regreso.
¿Olvidarte? Creo que
ya me acostumbre a no hacerlo, ahora vivo solo con ese recuerdo…

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