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Amor y Odio

¿Alguna vez les ha sucedido que amar no es cuestión de querer a primera vista? Imagino que sí, algunos dicen que del odio al amor hay un solo paso y creo que en mi se cumplió.

Mi historia comenzó el día que llegué a la universidad, como todos era un día de búsquedas, contactos, relaciones, nuevos retos, algunos nervios y una que otra palabra motivación en mi interior diciéndome que esto si era posible, las clases pasaban sin mayores contratiempos, sin embargo algo robo mi paz por un instante, un chico con sus músculos tonificados, sus ojos achinados y la sonrisa a mil maneras irrumpió en uno de los pasillos, debo admitir que me molesto un poco su presencia, su exagerado carisma tensó mi cuerpo y con mi ceja arqueada transmití mi enojo, mi compañero se dio cuenta pero prefirió pasar de largo.

Este chico había quedado pendiente en una asignatura, por situaciones económicas tuvo que parar un semestre y eso le dejaba en mi clase, cosa que de primer momento me incomodo, no quería tenerle tan cerca mío con sus expresiones molestas e intensas, sin embargo su mirada si se clavó en mí, por mucho que le evitará él estaba entusiasmado con hablarme, así que empecé a huirle… pero no fue suficiente.

La cercanía que teníamos era poca, él se ubicaba en un lugar un tanto lejos de mí, sus chistes me molestaban en gran manera, empalagoso se veía con tanta gente reunida y no porque no me gusten las reuniones de amigos sino porque para mí era demasiado, prefiero el grupo íntimo y divertido a conocer la mitad de la universidad, un tanto parecido al popular.

Una mañana todo comenzó a cambiar, se sentó al lado mío y se dieron las cosas para trabajar juntos, él no me caía tan mal, solo que a veces era incomodo tanto saludo, sin embargo esa mañana el saludo fue diferente y extraño, se ofreció a ser parte de apoyo en el trabajo y de a poco comenzó a ganar un espacio en mi circulo amigable de mi alma, ya no le veía tan molesto, con sus palabras e interés empezó a cambiar en mi algo y sin yo misma notarlo los mensajes de “buenos días”, “espero estés bien”, “buenas noches”, “que tengas linda mañana”, “animo que tú puedes” entre otros estaban dándole un click a mi pensamiento, era extraño reírme de sus bobadas y comentarios tontos, mientras mis compañeros se miraban entre si observando mi actitud siendo la única que le prestaba atención a sus malas historias y esas expresiones en sus ojos, su sonrisa y su picardía me hacían mover el mundo sin querer un día.

¿Qué me estaba sucediendo? Hasta mi amiga sorprendida me miraba con cierta manera de decir que tal vez me estaba gustando y yo no podía aceptar tal descaro de mi parte, yo me había cuidado de no enamorarme pero ¿Por qué me hacían falta sus mensajes? O ¿Por qué sonreía cuando recordaba sus chistes o solo pensaba en él? Era una alarma del alma pero un poco tarde la avisada.
El destino nos tendió una trampa o más bien me hizo la jugada, la cita era en una fiesta donde la cómplice de mi amiga me insiste en invitarle, fue esa noche que los minutos se hicieron eternos y esperaba como a nadie jamás lo había hecho, la furia estaba combinada con esa ansiedad de verle, tal vez reprochar su demora que fue muchísima o darle un abrazo por su compañía, se había convertido en un confidente, en esa loca pieza que mi rompecabezas necesitaba, pero vaya que me rompió la cabeza, al llegar solo su sonrisa cambio mi estado y todo se juntó en este confuso corazón.

Llegó la hora y el baile comenzó, de repente quedamos tan cerca mirando sus ojos y observando sus labios que buscarle un beso fue difícil, ahora la intensa me era yo que deseaba un beso de aquello loco amor que sin pedir permiso...

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